Cayeron los Prostíbulos


Por: Jorge William Duque Zuluaga

El estilo de burdel, mancebía, casa de citas, hoteles de pasaje, etcétera, ha sido la forma más utilizada para el ejercicio de la prostitución a lo largo de nuestra historia, con mayor o menor lujo el estilo es éste. Algunos han pasado a la celebridad por los refinamientos y las especialidades, tanto en lujos como en “caprichos o manías” para desviados o perversos. Aranzazu no fue la excepción, serían bastantes para nombrar así que resumiremos con la palabra CACHIPAY todo lo relacionado con los prostíbulos.

Comencemos con una anécdota muy jocosa sobre la llegada de la prostitución al municipio de Aranzazu. Eran aquellos años 40, donde se castigaba el juego, la vagabundería y los bailes. Comentaban los viejos que las primeras cortesanas llegaron en costales para evadir los controles tanto policiales como de las mujeres rezanderas del momento, en una ocasión mientras que desde el alto de los Ocampos traían algunos bulteadores tal mercancía, fueron sorprendidos por la Policía antes de llegar a su destino; “¿qué trae ahí amigo?”, unos aguacates mi agente, el policía tratando de verificar la versión toca uno de los costales y siente que está blando y dice: “amigo, llévelos rápido que se están madurando”.


Tal vez así sucedían las cosas para esa época, y era común encontrar las casas de lenocinio en las afueras del pueblo, como el famoso Salón Rojo y Las Palmitas, posteriormente dentro del municipio.

El Salón Rojo, sitio en el cual se cruza la carretera para La Meseta, Maibá y La Paila, pasando Buena Vista, se encontraba el primer sitio de encuentro clandestino, de allí el nombre, era una casa grande y roja, además lejana. Se dice que un cura la maldijo y el terreno empezó a fallar y la casa se perdió en la falla geológica.

Las Palmitas, 2 kilómetros abajó de Alegrías en la ruta hacia Salamina, en una curva a bordo de carretera y acompañada de unos pinos maduros, llegaban ansiosos por la miel femenina muchos amigos a celebrar los encuentros amorosos momentáneos y acordados por una o dos horas. Ya hoy no está ese lugar de felicidad pagada, se fue al piso, cayó, desde hace mucho tiempo venía en franco deterioro.

Finalmente toda la zona de tolerancia de Aranzazu fue desalojada y poco a poco los negocios del amor salieron del mercado dejando muchos recuerdos para aquellos que consideraban como un templo aquellas calles.

Hace un tiempo leí un artículo de Rubén Darío Toro que decía, “se acabaron las putas en Aranzazu”, casi que sí, podríamos decir, ya los lugares emblemáticos del negocio de la prostitución se han borrado del mapa, literalmente, aunque continúan funcionando algunos lugares, como dicen los que hablan del pasado, “ya no es como antes”.

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