Enrique Duque Mora (Cocorneño)

Por: Luis Gerardo Salazar Muñoz

En varias ocasiones me han preguntado cuál es el hombre del pueblo que recuerdo con más cariño. Y siempre he dado la misma respuesta: ENRIQUE DUQUE MORA “COCORNEÑO”. Son varias las razones por las cuales se ha ganado esta preferencia afectiva.

Enrique Cocorneño, como se le conocía, era un hombre altruista, ingenioso, alegre, buen conversador, recursivo, excéntrico y un gran y verdadero comunista (como él se defnía). Tuvo inicialmente una agencia de bicicletas, de las primeras de Aranzazu, y luego montó en guadua y esterilla su famoso “Taller El Despiste”, ubicado en la Galería donde estaba la estación del cable, lote sobre el cual ejerció posesión hasta el día de su muerte, el 29 de septiembre de 1986.

Después de dejar su agencia de bicicletas se dedicó de lleno a su taller donde arreglaba planchas, estufas, bicicletas, triciclos y soldaba todos los objetos o elementos que le llevaban para tal fn.

El nombre del taller “El Despiste”, que signifca desorientación o distracción, hacia juego con su forma y distribución; lo primero era descubrir que no tenía puertas y que por dentro y en la parte de encima había todo tipo de hierros y tornillos, al igual que de herramientas originales y hechizas; en los bajos o primer piso estaban los cuartos o dormitorios. Lo segundo, que era casa de todo el que quisiera ingresar Como hombre altruista antepuso las necesidades de los demás a las suyas propias, con el único fn de mejorar sus vidas; su taller era el refugio de desamparados y de seres desesperados, daba dormida y comida a los necesitados, a nadie le negaba esta ayuda.Con ello nunca buscó gratifcación o reconocimiento alguno, solo era una conducta o comportamiento
social positivo, que de la mejor manera mejoró la vida de individuos y de la sociedad aranzacita.

Como altruista regaló o puso a disposición de otros los bienes que le pertenecían; compartió sus bienes, su tiempo y su vida con los otros; y por supuesto que ayudó con todo su esfuerzo y atención al necesitado para aliviar sus males y carencias. Como hombre comunista formó parte de la Unión Patriótica, movimiento que para esa época era perseguido y exterminado sin compasión, de ahí que fuese una víctima más de esta cruel violencia, cuando fue asesinado mientras revisaba un automotor. En la lucha por la igualdad de clases y una sociedad más justa, participó en más de una manifestación o protesta, entre las que se recuerda la hecha contra la CHECpor los costos excesivos de la energía.


Dentro de muchas de sus excentricidades, y que todas las personas de la época recordamos, están la mica JULIA PATRICIA y el chivo PEREQUE.

La mica andaba suelta y libre por el taller, y con frecuencia salía a buscar comida en las cocinas vecinas y carne en los puestos de carnicería del pabellón, lo que enojaba a vecinas y carniceros, a las primeras porque les destapaba las ollas y les revolcaba la cocina; y a los segundos porque se les volaba con pedazos de carne; travesuras y reclamos que a Enrique le producían risa. El chivo Pereque, era todo un espectáculo, andaba siempre detrás de Enrique, lo seguía por todo pueblo, así fuera a pie o en bicicleta.

Enrique Cocorneño nunca de desprendió de su amor por las bicicletas, por eso en su taller reparó o restauró o puso en funcionamiento más de uno de estos velocípedos.

En medio de sus cachivaches tenía arrumes de repuestos, los que acondicionaba
para cada bicicleta, desde suspensiones, bielas, cadenas, sillines, direcciones, frenos, pedales, ruedas, piñones, etc.

La curiosidad sobre su apodo me surgió ahora con esta nota, y averiguando encuentro que el padre de Enrique Cocorneño, procedía de Granada Antioquia, que entonces tenía un corregimiento llamado Cocorná, hoy municipio, y el apodo surge del gentilicio de este lugar.

Las generaciones actuales de Aranzazu no tuvieron la oportunidad de conocer a un hombre como Enrique Cocorneño, que fue alegría y vida de nuestro pueblo, que fue generosidad y desprendimiento para con los necesitados y menesterosos, fue ameno contertulio de todo aquel que lo frecuentaba, fue un crítico de crueles e injustas realidades, fue el ingenio puesto al servicio de las soluciones de la comunidad, fue la voz de aliento para los desamparados, fue comensal con los hambrientos que se le acercaron a su improvisada mesa, fue un viento de libertad y rebeldía que oxígeno la vida de los paisanos; fue la palabra amable y solidaria difundida a pulmón limpio por las calles del pueblo; fue el irreverente de los formalismos y los protocolos, fue el amigo fel de todos los paisanos, fue un flósofo de lo profundamente cotidiano, fue un pastor de ovejas descarriadas o aporreadas por la vida, fue un predicador de sus personales y particulares doctrinas y defnitivamente (y para mí) fue un arco iris que sirvió como señal para recordar que su bondad fue una luz que atravesó el dolor de mucho necesitado.

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