Es hora de cambiar el himno de Aranzazu

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Por Rubén Darío Toro

España legó a la parte sur de nuestro continente, lo peor que han tenido como sociedad. Ese continúo expulsar de sus tierras a los que aportaban grandes cosas y construían algo mejor de ese país que aún llora un dictadorzuelo que los gobernó por 36 años asesinando y desapareciendo a miles y condenando al destierro a otros tantos. Dictadorzuelo que se salvó del juicio histórico por ser iniciador del laboratorio de la Segunda Guerra Mundial, por ese juego de estrategias geopolíticas que fue la guerra fría.

España expulsó a los Moros (Árabes)  quienes construían los acueductos y sequias que permitían los cultivos; que construían los alcantarillados y llenaron la arquitectura con esa magia que hoy no tendría Sevilla, Andalucía, Cataluña, Madrid… que aportaron a nuestra lengua tantas palabras. España expulsó, y con razón, al hermano de otro dictadorzuelo, José Bonaparte, pero este traía El Enciclopedismo y La Ilustración; a los Judíos que aportaron tanto a la gastronomía Ibérica y que eran los únicos con condiciones de asepsia  en su vida diaria, que les habrían enseñado a no morirse por cochinos cuando llegó la peste negra.

Pero lo que me emputa de España, no es ese orgullo que profesaban nuestros padres y abuelos al llamarse descendientes españoles, ni que con su ejército de malnacidos traídos en tres barcos que ya hacían aguas, hayan asesinado a todo un continente no con sus espadas, ni con sus avaros saqueadores, si no con el general tifoidea, el general rabia canina, viruela, paludismo, tos ferina, difteria, sarampión… que diezmaron a 50 millones de nativos nobles que no tenían defensas para enfermedades que no conocían. Ni me emputa ese legado de tinterillos, esa corrupción rampante; ese regionalismo patrioterista que los llena de orgullo sin permitirles preguntarse que pasaron casi todo el siglo veinte considerados el único país europeo tercermundista. No, eso no me emputa. Lo que me enerva de verdad, es ese virulento romanticismo que hizo que perdiéramos a los mejores poetas en varios siglos que anhelaban la madre patria y que llenó nuestra literatura y en especial nuestros himnos, de figuras descompuestas, recargadas de un fervor por lo foráneo que les hizo invisible lo de nosotros.

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El himno de Aranzazu, tiene todo esto. Y aunque sé que las personas no cambian, y tampoco lo harán los himnos que algunos defenderán con insistencia, si es  preciso decir que es una  construcción  de palabras buscando rima innecesaria, con figuras arcaicas, con párrafos mal construidos y que poco hablan de lo que somos y tenemos. Es un himno soso y feo, en el cual solo se salvan la estrofa seis y la segunda, por hacer referencias reales al departamento de Caldas y a la historia de nuestro municipio. Pero el resto es un adefesio.

<<Tus mujeres tienen, fuego en las pupilas>> y continúa <<Son como las tardes dulces y tranquilas>> al fin, tienen fuego o son dulces y tranquilas. Al hacer referencia al fuego, debió continuar con otra figura de fuerza que vigorizara lo dicho, no esa antonimia de figuras gastadas. Y cual melocotones de marzo y abril, melocotones no existen por acá, los duraznos y eso; y el  marzo y el abril son importantes en el imaginario de quienes viven las estaciones, no nosotros que en estos meses no inicia ninguna  primavera frutal.

Salgamos a la calle y preguntemos a los desprevenidos que les dice <<Alcázar Moro>> si saben lo que es frisa; o si conocen el paradero del <<Pingüe tesoro>> si saben que es <<Prez>> o que les dicen estas palabras. Esta estrofa solo puede ser entendida como una licencia poética del autor, pues debió haber dicho: “qué frisar en tus puertas de plata y de oro”… cuales praderas, cual armonía de Italia y de Persia y de Andalucía. Acá solo tenemos una pradera y debimos construir Aranzazu allí, aunque nos quedara lejos del pueblo. El resto son montañas, café, vacas, unos cultivos de mora y plátano, ahora de aguacate y lulo. Más nada.

Abanico//pico; guirnaldas//Caldas; luz//cruz. Que necesidad de rima tan verraca. Que palabras tan gastadas; que figuras tan arcaicas pretendiendo un romanticismo evocador  de una patria que nunca nos vio con buenos ojos; de una Persia que es un peladero donde ninguno de nosotros aguantaría una semana; tampoco en Andalucía, donde solo hay unas casas viejas por ver. De Italia si estoy de acuerdo, de allá nos debe venir lo calenturientos y libidinosos; esta sangre latina que se enciende con cualquier cosa.

Sé que no lo vamos a cambiar. Tampoco  lo digo por molestar. A mi edad molestar a alguien sería polemizar con maestras de ceremonias y maestras de maestros, que incluyen en un mismo párrafo al dictador de Napoleón Bonaparte y a Nelson Mandela, el hombre más grande del siglo pasado, sin vergüenza alguna, desconociendo la historia. No, no lo digo por polemizar, si mi intención fuere esta, pediría que se cambiara nuestra bandera en verde y blanco por la imagen de una mesa canasta de esas tejidas con delgadas láminas de plástico que servían para echar la ropa y planchar sobre una tabla encima de esta y que llegaron a estar en cuando menos  un 50  por ciento de los hogares de este país; eso sí es penetración de mercado, que ni RCN y Caracol en sus mejores tiempos. Producto que ha vendido al menos una persona de cada casa de este pueblo; eso si nos representa, eso sí nos dio desarrollo. O pediría que se incluyera en el escudo una tarjetica de cobro, pero tampoco…

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2 pensamientos sobre “Es hora de cambiar el himno de Aranzazu

  1. Los himnos junto con las banderas y los escudos, forman parte integral de los símbolos de los pueblos, y por lo tanto deben permanecer inamovibles en el tiempo y en el espacio, aunque estén disonantes en algunos de sus apartes, cambiarlos, sería traicionar la memoria de quienes fueron sus protagonistas.

    Uriel Ortiz Soto

    1. Señor Uriel Ortiz Soto
      Con todo respeto le hago una sugerencia: Lea el artìculo de Rubèn Darìo Toro “Es hora de cambiar el himno de Aranzazu” y haga su comentario basàndose en èl.

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