Gonzaga y Cesar Giraldo Mejía “Cuco y Mister”

Por: Luis Gerardo Salazar Muñoz

Hijos de don José Jesús Giraldo y doña Soledad Mejía Granada; don José Jesús  tenía una finca en común y proindiviso con el medico José Ocampo en el corregimiento de Samaria, llamada “Berlín”, a donde frecuentemente hacían los correspondientes paseos con su familia.  Este finquero igualmente era propietario de una volqueta, la cual siempre fue conducida por uno de sus hijos.

Cuco y Míster, este fue el orden en que siempre se les nombro a este par de hermanos, eran unos personajes populares y gran atractivo en Aranzazu.  Todos los paisanos o forasteros que llegaban al pueblo, los buscaban para conversar y principalmente para tomar aguardiente, actividades para las que siempre estaban disponibles, sobre todo en las horas de la noche.

Los apodos surgieron de la inventiva del pueblo,  al parecer el de Cuco surgió en las cantinas donde para esa época estaba de moda el vocalista de música afro-cubana Cuco Valoy, y el de Míster, porque cesar era un hombre blanco o muy mono, con pinta de gringo.

Desde pequeños andaban juntos por todas partes, eran inseparables y no podemos decir que era una pareja como el gordo y el flaco, porque ambos eran bastante gordos. Eran aguardienteros, alegres, bonachones, simpáticos y buenos conversadores,  ambos solteros y de estruendosas carcajadas.

Gonzaga “Cuco” trabajó mucho tiempo en la ferretería de Arturo Castrillón, manejando una volqueta, en la que movilizaban gran parte del material y los artículos que vendían en dicho establecimiento.  Este oficio de volquetero también lo desempeño en el automotor de su señor padre, quien lo tenía para el uso de la finca y para el servicio de las personas que lo requirieran.

Cesar “Míster” trabajaba la marquetería y su especialidad era hacer carritos de madera para vender en diciembre; su taller quedaba en los bajos de su casa y al lado estaba la sastrería de su hermano Guillermo; también fue gerente o despachador de la llamada “Flota mugre”, que cubría con sus Jeeps la ruta para el Roblal e intermedias.

Eran tan exageradamente gordos, que el famoso Artemo decía que era mejor y más fácil saltarlos que darle la vuelta.

En el censo de población del miércoles 15 de julio 1964, se  prohibió la movilización de la población del sitio de su residencia, y en caso de hacerlo se conducían a puestos militares o de policía; como era de suponer Cuco y Míster, no acatarían esta restricción y mucho menos la de la ley seca, y ese día se dedicaron a beber en el andén de la casa, y de un momento a otro varios militares asomaron en la esquina, a pocos metros de la cantina improvisada, y al percibirlos Cuco y Mister, se pararon inmediatamente y simultáneamente ingresaron a la casa quedando atrancados por su gordura en la puerta de entrada.  Los militares viendo a los dos gorditos atorados y medio borrachos, rompieron en carcajadas, sin ser capaces de retenerlos.

De estos dos gordos famosos del pueblo, primero murió Gonzaga “Cuco” de un infarto y luego Cesar “Mister” de cirrosis; misteriosamente en el orden en que siempre se les denomino por su apodo.  A la muerte Míster,  su hermano José Abel continúo con la marquetería.

Además de Cuco y Míster, estaban sus hermanos José Abel, Rodrigo, Guillermo  y Alicia, para integrar la descendencia de José Jesús Giraldo y   Soledad Mejía Granada.  Todos ellos gente honorable y decente, pero ninguno de ellos tan popular y querido dentro de la historia cotidiana de Aranzazu, como ellos dos.

Por lo menos yo, soy uno de los aranzazunos que recuerdo con gran cariño a Cuco y Mister, quienes eran mis vecinos, y se ganaron por su simpatía un espacio en mi memoria.  Quedan por contar muchas anécdotas de este par de personajes, que transcendieron como si hubiesen sido unos siameses, que nada ni nadie logro separar.

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