La guerra contra las drogas

Por: Rubén Darío Toro

Uno de los debates más importantes que se nos viene como país, como nación, es la legalización de las drogas. Y la palabra   no es despenalización, como lo presentan los medios o los políticos que la tramitan en el congreso para suavizar los términos ante una parte de nuestra sociedad ultra conservadora; el consumo de sustancias psicoactivas esta despenalizado en Colombia desde el año 1994 con sentencia No C-221/94 del Magistrado de la Corte Constitucional  Carlos Gaviria.

La sentencia nos recuerda el carácter liberal y democrático de nuestra constitución de 1991, y va un poco más allá, al decir  que todo individuo es libre determinador de sí mismo; que esta condición no puede ni debe ser cambiada por ninguna ley que lo restrinja en su intimidad.

La guerra contra las drogas, la inicia el Presidente Nixon de los Estados Unidos de América  en el año de 1974, en plena Guerra Fría, involucrando a la totalidad del continente, el cual han considerado su patio trasero, sin el más mínimo beneficio en disminución del cultivo o del tráfico de las drogas hacia su país. (Lo cual buscan mantener así, en su justa medida para garantizar su valor, su sistema penitenciario privado lleno y la percepción ante el ciudadano,  de estar haciendo algo ante el problema) Sumisas nuestras naciones a los intereses bélicos del vecino del norte, han visto acrecentar su número de muertos, de corrupción en todas las instituciones del estado. Colombia estuvo a punto de ser un estado fallido, como lo está hoy México, sumando al desastre, el alto costo de la mala imagen internacional que asumen los países de Latinoamérica, como origen de las drogas y no el receptor de las mismas, que por supuesto, se lucra con la venta de los precursores químicos,  necesarios en el proceso de fabricación de las mismas, así como de las armas, que hacen posible mantener el negocio.

No es un recalentao; una posición anti gringa de un hippie comunistoide perdido en el tiempo, no. Los términos de la discusión, son estos dos: lo global, entendiendo por global, lo que para América Latina significa…  Estados Unidos. Que este país permita que el proceso de legalización interna, que  están teniendo desde hace muchos años, permita abrir el debate, allende sus fronteras. Y dos, lo local, que tiene dos escenarios: Sur y Centro América unidas, discutiendo como bloque uno de sus problemas más graves; y nuestras pequeñas comunidades, como Aranzazu, por ejemplo. Que podamos confrontar las diversas tesis sin dogmatismos religiosos o políticos, para poder comprender y estar preparados a una apertura al mercado de las drogas, que por supuesto, no descarta el problema del consumo y adicción a las drogas; tan solo  trata de eliminar de la ecuación, una de las dos dificultades: la absurda persecución al individuo consumidor que lo coloca como un delincuente ante la sociedad victimizándolo y victimizando  todo el estado de derecho; que ve disminuido su accionar  legítimo  ante otros males iguales, para concentrarnos en el problema básico, la dependencia del consumo de drogas como el gran cáncer; como el mal mayor en nuestro sistema de salud y así, ver al adicto como enfermo, y como enfermo, tratarlo.

No permitamos simplificar uno de los problemas más graves que tenemos como sociedad. No permitamos reducir a la represión policial, el consumo de estupefacientes. Este es uno de esos asuntos que se debe tratar desde la familia, la sociedad. Es un tema político, que no debemos dejar únicamente en el aspecto punitivo, olvidándonos de ello.

Este es un tema que debemos tratar desde la academia,  tratando de entender lo global y lo local, que nos concierne. Y  también el principal tema del pos acuerdo de paz!

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