Los telares o la fábrica de costales de “Don Francisco”

Por: Luis Gerardo Salazar Muñoz

En la historia de Aranzazu siempre figuró la Cooperativa de Fique como una de las empresas más importantes, y su gestor Javier Gómez Ocampo (Q.E.P.D.) como un hombre de gran talante y liderazgo.  Todo cuanto se diga de ambos, es un justo y merecido reconocimiento, y  además es rescatar del olvido en que van quedando las cosas y las personas sobre las cuales no se hace ninguna reseña.   La cooperativa de fique fue una gran fuente de empleo durante la época en que funcionó fabricando costales, empleo que fluctuó entre 80 y 120 personas en su techo productivo.

Paralela a esta cooperativa existió la fábrica de costales de mi padre Francisco Salazar Duque, ubicada en la calle nueva en la calle 3ª con carrera 7ª y donde igualmente se ocupaba laboralmente un buen número de obreros, que siempre oscilo entre los 10 y los 20.  No tuvo una razón social registrada, pero todo mundo la conocía como la fábrica de costales o los telares de “don Francisco”, para distinguirla de la cooperativa, este bautizo se lo dio la comunidad.

Mi padre sin ser un industrial y sin conocer nada de este campo en concreto, resulto involucrado y como dueño de la mencionada fábrica, todo porque tuvo la generosa solidaridad de apoyar la idea de Gonzaga Montoya de adquirir dos telares y unas hilanderas en la fábrica de Tejidos Única de Manizales, para de esta forma independizarse de la cooperativa y tener su propia empresa.  Mi padre puso a disposición de Gonzaga el primer piso de su recién construida casa para instalar estos equipos y darle forma a una fábrica de costales, pero también sirvió de codeudor para la compra de los mismos.  Tejidos única le entrego esta maquinaria sin cuota inicial y dio un plazo de un año para cancelar su valor. Hecha esta negociación, mi padre comenzó a hacer las adecuaciones del local y Gonzaga a instalar la maquinaria, lo que se hizo por el año de 1969.  Una vez estando todo y listo para dar inicio a la producción, en forma inesperada y sorpresiva se desapareció de Aranzazu Don Gonzaga, sin que nunca se supiera de su destino o su final; hubo muchas especulaciones, las que iban desde un suicidio tirandose al rio Cauca en los lados de la Felisa hasta que se había ido para la costa y que no quería saber nada del pueblo.  La verdad es que nunca se pudo establecer nada al respecto y menos a tener alguna noticia del referido.

Gonzaga era un hombre que se había formado en la Cooperativa de Fique, al lado de Javier Gómez Ocampo, y por lo tanto era un operario perfecto de los telares y conocedor de todo el engranaje en que se soportaba una fábrica de costales.  Sabía manipular las tejedoras, las hilanderas y las soquineras.  Las arreglaba con un conocimiento y una técnica de ingeniero industrial, también sabia de lanzaderas y de la parte eléctrica.  Era un hombre de un gran conocimiento empírico y de una habilidad innata.  Todo lo aprendido en la cooperativa, y todos estos saberes se suponía que los habría de aplicar en la nueva empresa, pero por esos designios de la vida, desapareció de la vista de los humanos, dejando una empresa montada y una deuda inmensa, por la cual comenzaron a acosar al único responsable y codeudor de la misma Francisco Salazar Duque.

Ante este incidente, mi padre termino convertido de codeudor en industrial de costales, y sin saber nada de este campo, prendió motores y puso a funcionar la fábrica de costalas Don Francisco.

GONZAGA MONTOYA, JAVIER GOMEZ OCAMPO Y ALBERTO RODRIGUEZ

En el primer piso o sótano de la casa funcionaban dos telares, una soquinera y una cepilladora para suavizar o desenredar la cabuya, y en el segundo piso instalaron diez (10)  hilanderas.

Cuando Gonzaga la vendió la idea a mi padre y antes del montaje industrial, lo convenció igualmente para que sembrara gran parte de la finca en matas de cabuya y tener lista una buena producción de penca para cuando se arrancara con la fábrica.  Y como la canción “así fue”.   Se metió de pies y manos en este negocio por los circunstancias.

Los costales se fabricaban en el telar entrelazando dos conjuntos de hilos dispuestos en ángulo recto, los hilos longitudinales se llaman urdimbre y los hilos transversales de denominan trama, logrados estos últimos a través de una lanzadera que en su interior llevaba un rollo o soquin.

La lanzadera era de madera y era alargada y puntiaguda, en los extremos llevaba una punta metálica, y en su interior un rollo de cabuya, esta cruzaba de un lado a otro del telar, entrecruzando los hilos de la trama con los de la urdimbre para formar el tejido.

LANZADERAS

El hilo que llevaba la lanzadera se obtenía de la siguiente manera: una vez peinada o desenredada la cabuya seca, se depositaba sobre un cajón de madera con puntillas, de donde un operario se encargaba de unir con las yemas de los dedos de modo continuo y uniforme, varias fibras de la cabuya hasta obtener el hilo deseado, el cual con el giro de un carretel se torcia hasta obtener la consistencia o forma.

HILANDERAS

Luego de todo este proceso el resultado final era una tela larga que luego se cortaba manualmente con tijera, de acuerdo a la medida requerida, y después se entrega para que operarias se encargaran de coser los extremos y los bordes de la boca del costal.  En nuestro caso, de esta operación siempre se encargaron mis primas Alba y Nelly Aguirre Muñoz, que para entonces vivían a todo el frente del telar.

La fábrica de costales tenía una producción semanal de 1000 a 1200 costales semanales.  Entre las personas que recuerdo que laboraron para los telares “De don Francisco”, estaba don Alberto Rodríguez “El pastuso”, quien era el mecánico de toda la maquinaria y además el fabricante de las lanzaderas; conforme a su apodo procedía del sur del país, donde había adquirido una inigualable experiencia y conocimiento en el manejo de telares.   Era obligatoriamente el mecánico y el fabricante de lanzaderas, para la Cooperativa de fique y para la empresa de mi padre, nadie en esta región tenía más conocimiento que el en este campo.

ALBERTO RODRIEGUEZ “EL PASTUSO” EN UN TELAR

Hubo muchas mujeres que se encargaban del hilado, entre ellas las hermanas hernandez, y una aguadeña de nombre Martha, y otras que no reseño por sus nombres o apellidos, porque no recuerdo los mismos, pero si estan dentro de mis evocaciones.

Mis hermanos y yo formamos parte del equipo de trabajo: eramos Gilberto, Absalon, Francisco, Arcenio y el suscrito.  Arcenio era el tecnico y mecanico, pues se encargaba de reparar cualquier daño en los telares y demás maquinaria, pero además manipulaba los telares en la fabricación de la tela; yo me encargaba de hacer los soquines para las lanzaderas y los otros tres de controlar el trabajo de las hilanderas y de comprar, pesar y recibir la cabuya.  Eramos un equipo pensando en ayudar en todo lo posible a nuestro querido padre e industrial FRANCISO SALAZAR DUQUE.

Este experimento en manos de mi señor padre duro hasta enero de 1972, cuando decidió dejar de insistir en este campo y trasladarse a vivir a la ciudad de Manizales con toda la familia y dejo en manos de Mario Restrepo el referido entable, al hacer una negociación con él.

About the author

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: